
El cielo está de color kukusumussu, tirando a indiferente. La estación practicamente vacía, es un entorno tan propicio como cualquiera que se me hubiera ocurrido para tan advenedizo movimiento. ¿Y si el caballo amenaza a la dama? Puedo contar cuatro seres humanos tejiendo su vida en la estación, y el cadáver que llevo en la bolsa cinco, pero ese no cuenta. Ese no late.
Un reloj redondo como un error repetitivo, cuelga de la pared y me recuerda que no queda mucho para partir, por fín. Las caras de los viajeros son adustas, no son compañeros. Deben pertenecer al tribunal. Se acabó lo de fumar, necesito matar el tiempo, lo metería en mi bolsa, y siempre inutilizado podría conservarlo en formol.
No llega el tren, se anuncia un retraso y yo me siento responsable. Miro hacia todos los lados, en busca de una ausencia preparada perfecta, sin dolor, color kukusumussu. Después hay una llamada a la via 4, en el andén huele a ganchitos, y mi bolsa pesa demasiado. No quieres escenas, y yo tampoco, pero todo son suposiciones, como supositorios que no curan, y me duele demasiado la cabeza.
Ahí está el jefe de estación, con una bandera roja, yo no estuve en el frente y me vienen a la cabeza muchos nombres de tanques, todos de color kukussumussu. Me estoy subiendo al tren que me devuelve al punto cero. Suena una sirena, o un pitido, no lo distingo, el estruendo que provocan 500 disparos de cañon de los tanques simultaneamente no me permiten identificarlo. Todos color kukussumussu, todos apuntandote a tí.
Un reloj redondo como un error repetitivo, cuelga de la pared y me recuerda que no queda mucho para partir, por fín. Las caras de los viajeros son adustas, no son compañeros. Deben pertenecer al tribunal. Se acabó lo de fumar, necesito matar el tiempo, lo metería en mi bolsa, y siempre inutilizado podría conservarlo en formol.
No llega el tren, se anuncia un retraso y yo me siento responsable. Miro hacia todos los lados, en busca de una ausencia preparada perfecta, sin dolor, color kukusumussu. Después hay una llamada a la via 4, en el andén huele a ganchitos, y mi bolsa pesa demasiado. No quieres escenas, y yo tampoco, pero todo son suposiciones, como supositorios que no curan, y me duele demasiado la cabeza.
Ahí está el jefe de estación, con una bandera roja, yo no estuve en el frente y me vienen a la cabeza muchos nombres de tanques, todos de color kukussumussu. Me estoy subiendo al tren que me devuelve al punto cero. Suena una sirena, o un pitido, no lo distingo, el estruendo que provocan 500 disparos de cañon de los tanques simultaneamente no me permiten identificarlo. Todos color kukussumussu, todos apuntandote a tí.
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